La tarde es gris. El frío desgarra la piel, punzante. El crepúsculo se muestra cerca. La brisa se acerca al templo, veloz, audaz, súbita. Algo ocurre. Algo está por suceder. La tarde no descansa, impaciente. Hay algo que perturba la calma.De repente, se oye. Comienza como un susurro, perdido entre el tiempo. Se acerca. Me abraza. Es un llamado, un grito de guerra. El templo aguarda listo. El susurro se convierte en aullido. El aullido se convierte en voces. Las voces, en canción. Se unen una vez mas, buscando libertad. Se meten por los rincones, deseando redención.
El corazón se me estremece. En lo más profundo de mi alma, siento la calidez. Algo se encendió adentro, como una llama que no quiere consumirse. Sin darme cuenta, comienza la electricidad. La energía se apodera de mis sentidos y los vuelve cenizas. El poder me corrompe. Se ve un relámpago en los cielos, fugaz destello de la locura. Renazco.
El templo estalla. El calor se convierte en fuego. Quema, arde. La canción retumba en el cielo, y llega más alto que las estrellas. Es el momento. Está ocurriendo. Miro adelante, sólo hay un camino. Me adentro en él y es ahí cuando lo siento: la pasión despierta, escucho la sangre correr por mis venas. El corazón late tan fuerte que parece que explotará. La algarabía merodea mi ser. Me siento libre. Escucho el llamado y abro los ojos. Despierto. Me rodea la inmensidad. Estoy en el templo. A mi alrededor sólo hay paz. Colores y paz. El miedo desaparece, se convierte en amor.
D.S.